FUEGO Y RACIONALIDAD
Resulta maravillosamente demoledora la enigmática
contundencia de la noticia (1): El Gobierno Federal del Estado de
Roraima, Brasil, llevó a la zona del incendio amazónico
a dos brujos Caiapó para que hicieran llover. No son muchos,
ni muy conocidos, los casos en que un Estado acude OFICIALMENTE al
auxilio de personas o sabios cuyos supuestos y procedimientos resultan
de difícil comprensión por parte de ese imaginario
urbano llamado “sentido común” o su versión formal,
la “racionalidad científica”. Por eso, no puede dejar de llamarnos
profundamente la atención las circunstancias en las cuales
acontece esta convocatoria a los Caiapó: seis meses de sequía,
dos de ellos con el mayor incendio registrado en la historia mundial,
según la ONU; 1.750 bomberos de tres países; tropas
militares; camiones; aviones; helicópteros y pérdidas
materiales varias veces millonarias. Este hecho sienta un valiente
e interesante antecedente en la convivencia de las diversas culturas
que comparten el suelo americano, y por eso debe reconocerse y celebrarse.
Seguramente se pueden buscar y encontrar lecturas políticas
domésticas para relativizar este acto. Pero como dijo el brillante
Jorge Luis Borges: “Las razones son falibles. Los hechos, no.”
Tal parece que en este incendio finisecular no solo
es selva y sabana lo que se quema. Asistimos felizmente también
a la lenta combustión de algunos prejuicios e ideas. Y es
notable que la convocatoria a los Caiapó esta vez no se halle
vinculada a lo “pintoresco” de su “Cultura y Folklore”, “Artesanías” o “Comidas
Típicas”, que es el ángulo mas habitual desde el que
nos acercamos a estos Otros Mundos. Esta vez se los convocó para
hacer llover en medio del desastre. Desastre precisamente provocado
por nuestra concepción de la selva Amazónica (y del
mundo) como fuente y reserva de materias primas agrícolas,
mineras y farmacéuticas, entre otras.
Para nosotros, es decir en el seno de nuestro sentido
de la realidad, la lluvia es un fenómeno meteorológico,
esto significa que se inscribe en el terreno de las Ciencias Naturales,
cuyo estudio sistemático se realiza a través de la
Física, la Química, las Matemáticas, la Geografía,
etc. Todo este grupo de disciplinas ostentan merecidamente el grado
de Ciencias. Y es generalmente desde aquí, desde la perspectiva
de la Ciencia como medida de la verdad, que nos acercamos, cuando
lo hacemos, a las distintas formas de habitar que llamamos “culturas
primitivas y/o aborígenes”.
REALIDADES VS. CREENCIAS
Sabemos que existen desarrollos tecnológicos
tanto para monitorear satelitalmente el clima y sus tendencias, así como
dispositivos para aumentar la probabilidad de lluvia. La pregunta
es si los brujos Caiapó operaron sobre el “mismo” campo que
los meteorólogos (aunque con otras herramientas), o si acaso
es posible pensar en diversos “topologías de acontecimiento”,
en los que la eventual intersección entre dos o mas de estos
campos nos dé, justamente, el motivo para el asombro y la
sorpresa. Esto significa que si nos es posible registrar un evento
del mundo Caiapó es porque también tiene sentido (aunque
diferente) en nuestro sistema de creencias. Fugazmente, dos mundos
se cruzan y pasa algo a la vez y con sentidos diferentes. Debemos
celebrarlo.
Por eso para nosotros la noticia no es el hecho
que llueva en el Amazonas, sino que los brujos Caiapó hagan
llover. Y lo hagan sin ninguna tecnología. Si la realización
voluntaria de un ritual religioso Caiapó determina la ocurrencia
de un fenómeno meteorológico, significa que nuestro
modo de pensar ese acto y ese fenómeno resultan, al menos,
sólo
un modo . Obviamente, la tentación de presentarlo
como “casualidad” es un primer reflejo, así como el dejarlo
como otro “evento aislado sin validez estadística”, etc.
Entonces cuando ellos y nosotros miramos aquello
que nosotros llamamos cielo, lo hacemos por motivos distintos, de
diferente forma y en el contexto de realidades inconexas. Luego,
es poco probable que terminemos viendo “las mismas nubes”.
En pocas palabras:
Para nosotros la lluvia es un
fenómeno meteorológico, independiente de las creencias en
sus dioses.
En menos palabras:
Para nosotros las cosas son (meteorología),
en cambio ellos creen que son(dioses).
Esto es así porque nuestra realidad no está registrada
como creencia, sólo la realidad ajena.
Revisemos entonces algunos aspectos de la meteorología,
como campo de creencia. Lo hacemos porque a través de este
ejemplo amazónico y reciente podremos ilustrarnos en lo que
atañe a nuestras creencias en general. No es la meteorología
nuestra preocupación, sino el conjunto de conceptos, ideas,
procedimientos y resultados con los que operamos cotidianamente suponiéndolos
verdaderos solo porque no los reconocemos a priori como meros conceptos
e ideas.
A partir de la división de nuestra realidad
entre Naturaleza y Cultura, durante el Renacimiento, el cielo (de
las nubes) ya no es el Cielo (de la Divinidad). Al punto que para
nosotros el cielo “real” pasó a ser el de las nubes, se crea
o no en Dios/dioses. Entonces a partir de allí, cuatro meteorólogos
de distintas creencias religiosas interpretarán los signos
climáticos y las imágenes satelitales de la misma manera.
Sus creencias personales no deberían afectar su análisis
científico y objetivo de los eventos. Esto en virtud de que
comparten una creencia actualmente con mas fuerza que las religiosas,
y que como tal, provee su propio aparato de corroboración.
En nuestra ciencia es el método experimental. En nuestra fe
el milagro.
La ciencia es la religión de la Modernidad.
Y nosotros sus fieles creyentes.
VERDAD y verdades:
Los Caiapó hicieron llover en lo que llamamos
una ceremonia. No fue en el contexto de un diseño experimental
ni mucho menos en un milagro respondiendo a las plegarias de las
autoridades. No plantearon tampoco las “probabilidades de lluvia”.
Hicieron y llovió . Sólo se limitaron a preguntar si
querían mucha o poca lluvia. Invito a revisar las fotos satelitales
y los pronósticos meteorológicos del norte del Brasil
de los días 30 y 31 de Marzo de 1998, esto es 24 Hs. antes
y el día en que los brujos hicieran lo suyo. Esta revisión
de los datos debe hacerse porque estos son los signos en los cuales
nosotros creemos. Las imágenes satelitales son una fuente
de datos tan contundente para los meteorólogos como una biopsia
para los médicos. Esas son nuestras referencias. En esto creemos
sin preguntar. Lo que debemos comprobar a través
de esto no es si las creencias o ceremonias Caiapó son verdaderas
o falsas, sino si nuestras propias creencias y costumbres lo son.
Comenzando por admitirlas como meras creencias y costumbres.
Al levantarnos, muchos dependemos del informe meteorológico
para decidir sobre nuestra vestimenta, al punto que la temperatura
y la humedad figuran ya en forma permanente en la pantalla de algunos
canales de TV; planificamos nuestras actividades de fin de semana
en función del pronostico del tiempo; calificamos al día
de “lindo” o “feo” según el clima, lo cual termina condicionando
buena parte de nuestras actitudes frente a los eventos cotidianos.
Finalmente, hace siglos que intentamos domesticar
a la incertidumbre propia de la existencia en el mundo para expresarla
en rangos de probabilidad, y al fracaso de ese esquema lo llamamos “crisis”. ¿Será la
crisis del mundo o de nuestra particular manera de habitarlo?
¿Serán acaso fenómenos como “El
Niño” y sus consecuencias indicadores del límite de
la vigencia de nuestra concepción meteorológica del
clima, y ya no de un modelo teórico de interpretación;
así como se registran rupturas en tantos campos del conocimiento?
Que haya llovido luego de la ceremonia caiapó no
es precisamente lo relevante del caso. A lo sumo es “llamativo o
pintoresco” desde nuestra perspectiva científico-técnica
del mundo.
La pregunta inquietante que esta situación
nos plantea debe hacerse en aquellos puntos donde ya nos olvidamos
de preguntar y justamente allí donde parece innecesario.
Entonces lo terrible ya no será que nos hayamos
equivocado o que nos hayan mentido. Sino que finalmente nos demos
cuenta que siempre hemos vivido en la verdad.
Entonces: ¿Será la verdad un modo
más de la ironía?
REFERENCIAS:
(1) “Ayer los brujos de la tribu caiapó pidieron
a sus dioses que lloviera. Habían sido llevados el lunes
por el gobierno brasileño al estado de Roraima, en el Amazonas,
amenazado desde hace dos meses por el mayor incendio forestal de
la historia...
(...)
“Unas horas después de su ceremonia
secreta comenzó a llover intensamente, tras siete meses
de sequía. Los meteorólogos habían pronosticado
lluvias a partir del 20 de abril.”
(...)
"Sólo necesitamos saber si quieren
mucha o poca lluvia", habían dicho los hechiceros Kucrit
y Mantii. Después echaron a los fotógrafos y a las
cámaras de televisión y comenzaron con sus ritos:
ramas de árboles, hojas, hierbas, bastones, cantos secretos
a la orilla del río Branco, cerca de Boa Vista, capital
del estado de Roraima.
La fe de los brujos era absoluta. Incluso se
negaron a llevar a cabo sus rituales en la reserva de los ianomamis,
porque temían "quedar aislados cuando comience a llover".
Fragmentos del artículo: “Desastre Ecológico:
Comenzó A Atenuarse El Incendio”. Diario Clarín, Buenos
Aires, Argentina, 01/04/98.
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