Lecturas
 

Pensando bajo la lluvia

Carlos Gerardo Einisman

Para nosotros, Occidente, la lluvia es un fenómeno meteorológico y la meteorología una disciplina científica. Asimismo, nuestra dimensión Científico-Tecnológica de la realidad funciona como medida de la verdad en general. Por ello, son inhabituales los casos como este, en los que oficialmente el Estado pide auxilio a culturas cuyos supuestos y/o procedimientos son diferentes a los de la racionalidad científica, que es el credo oficial del Estado.

Por otra parte, habitualmente nos preguntamos respecto de otros mundos: Caiapó; Oriental; etc., sin que esto implique antes una profunda y acabada comprensión de nuestro propio sentido de la realidad, que ya está supuesto como verdadero. Subyace en nosotros la idea de Uni-verso, obturando nuestra capacidad de pensar la diferencia: lo Multi-versal.

Para preguntarnos por el significado y alcance de nuestras propias creencias, en este caso científicas, debemos comenzar por considerarlas así: como meras creencias.

Esto nos trae otra inquietante pregunta: Si la Ciencia es hoy la medida de todas las creencias: ¿Cuál es la medida de la Ciencia?.


FUEGO Y RACIONALIDAD

Resulta maravillosamente demoledora la enigmática contundencia de la noticia (1): El Gobierno Federal del Estado de Roraima, Brasil, llevó a la zona del incendio amazónico a dos brujos Caiapó para que hicieran llover. No son muchos, ni muy conocidos, los casos en que un Estado acude OFICIALMENTE al auxilio de personas o sabios cuyos supuestos y procedimientos resultan de difícil comprensión por parte de ese imaginario urbano llamado “sentido común” o su versión formal, la “racionalidad científica”. Por eso, no puede dejar de llamarnos profundamente la atención las circunstancias en las cuales acontece esta convocatoria a los Caiapó: seis meses de sequía, dos de ellos con el mayor incendio registrado en la historia mundial, según la ONU; 1.750 bomberos de tres países; tropas militares; camiones; aviones; helicópteros y pérdidas materiales varias veces millonarias. Este hecho sienta un valiente e interesante antecedente en la convivencia de las diversas culturas que comparten el suelo americano, y por eso debe reconocerse y celebrarse. Seguramente se pueden buscar y encontrar lecturas políticas domésticas para relativizar este acto. Pero como dijo el brillante Jorge Luis Borges: “Las razones son falibles. Los hechos, no.”

Tal parece que en este incendio finisecular no solo es selva y sabana lo que se quema. Asistimos felizmente también a la lenta combustión de algunos prejuicios e ideas. Y es notable que la convocatoria a los Caiapó esta vez no se halle vinculada a lo “pintoresco” de su “Cultura y Folklore”, “Artesanías” o “Comidas Típicas”, que es el ángulo mas habitual desde el que nos acercamos a estos Otros Mundos. Esta vez se los convocó para hacer llover en medio del desastre. Desastre precisamente provocado por nuestra concepción de la selva Amazónica (y del mundo) como fuente y reserva de materias primas agrícolas, mineras y farmacéuticas, entre otras.

Para nosotros, es decir en el seno de nuestro sentido de la realidad, la lluvia es un fenómeno meteorológico, esto significa que se inscribe en el terreno de las Ciencias Naturales, cuyo estudio sistemático se realiza a través de la Física, la Química, las Matemáticas, la Geografía, etc. Todo este grupo de disciplinas ostentan merecidamente el grado de Ciencias. Y es generalmente desde aquí, desde la perspectiva de la Ciencia como medida de la verdad, que nos acercamos, cuando lo hacemos, a las distintas formas de habitar que llamamos “culturas primitivas y/o aborígenes”.


REALIDADES VS. CREENCIAS

Sabemos que existen desarrollos tecnológicos tanto para monitorear satelitalmente el clima y sus tendencias, así como dispositivos para aumentar la probabilidad de lluvia. La pregunta es si los brujos Caiapó operaron sobre el “mismo” campo que los meteorólogos (aunque con otras herramientas), o si acaso es posible pensar en diversos “topologías de acontecimiento”, en los que la eventual intersección entre dos o mas de estos campos nos dé, justamente, el motivo para el asombro y la sorpresa. Esto significa que si nos es posible registrar un evento del mundo Caiapó es porque también tiene sentido (aunque diferente) en nuestro sistema de creencias. Fugazmente, dos mundos se cruzan y pasa algo a la vez y con sentidos diferentes. Debemos celebrarlo.

Por eso para nosotros la noticia no es el hecho que llueva en el Amazonas, sino que los brujos Caiapó hagan llover. Y lo hagan sin ninguna tecnología. Si la realización voluntaria de un ritual religioso Caiapó determina la ocurrencia de un fenómeno meteorológico, significa que nuestro modo de pensar ese acto y ese fenómeno resultan, al menos, sólo un modo . Obviamente, la tentación de presentarlo como “casualidad” es un primer reflejo, así como el dejarlo como otro “evento aislado sin validez estadística”, etc.

Entonces cuando ellos y nosotros miramos aquello que nosotros llamamos cielo, lo hacemos por motivos distintos, de diferente forma y en el contexto de realidades inconexas. Luego, es poco probable que terminemos viendo “las mismas nubes”.

En pocas palabras:

Para nosotros la lluvia es un fenómeno meteorológico, independiente de las creencias en sus dioses.

En menos palabras:

Para nosotros las cosas son (meteorología), en cambio ellos creen que son(dioses).

Esto es así porque nuestra realidad no está registrada como creencia, sólo la realidad ajena.

Revisemos entonces algunos aspectos de la meteorología, como campo de creencia. Lo hacemos porque a través de este ejemplo amazónico y reciente podremos ilustrarnos en lo que atañe a nuestras creencias en general. No es la meteorología nuestra preocupación, sino el conjunto de conceptos, ideas, procedimientos y resultados con los que operamos cotidianamente suponiéndolos verdaderos solo porque no los reconocemos a priori como meros conceptos e ideas.

A partir de la división de nuestra realidad entre Naturaleza y Cultura, durante el Renacimiento, el cielo (de las nubes) ya no es el Cielo (de la Divinidad). Al punto que para nosotros el cielo “real” pasó a ser el de las nubes, se crea o no en Dios/dioses. Entonces a partir de allí, cuatro meteorólogos de distintas creencias religiosas interpretarán los signos climáticos y las imágenes satelitales de la misma manera. Sus creencias personales no deberían afectar su análisis científico y objetivo de los eventos. Esto en virtud de que comparten una creencia actualmente con mas fuerza que las religiosas, y que como tal, provee su propio aparato de corroboración. En nuestra ciencia es el método experimental. En nuestra fe el milagro.

La ciencia es la religión de la Modernidad. Y nosotros sus fieles creyentes.

VERDAD y verdades:

Los Caiapó hicieron llover en lo que llamamos una ceremonia. No fue en el contexto de un diseño experimental ni mucho menos en un milagro respondiendo a las plegarias de las autoridades. No plantearon tampoco las “probabilidades de lluvia”. Hicieron y llovió . Sólo se limitaron a preguntar si querían mucha o poca lluvia. Invito a revisar las fotos satelitales y los pronósticos meteorológicos del norte del Brasil de los días 30 y 31 de Marzo de 1998, esto es 24 Hs. antes y el día en que los brujos hicieran lo suyo. Esta revisión de los datos debe hacerse porque estos son los signos en los cuales nosotros creemos. Las imágenes satelitales son una fuente de datos tan contundente para los meteorólogos como una biopsia para los médicos. Esas son nuestras referencias. En esto creemos sin preguntar. Lo que debemos comprobar a través de esto no es si las creencias o ceremonias Caiapó son verdaderas o falsas, sino si nuestras propias creencias y costumbres lo son. Comenzando por admitirlas como meras creencias y costumbres.

Al levantarnos, muchos dependemos del informe meteorológico para decidir sobre nuestra vestimenta, al punto que la temperatura y la humedad figuran ya en forma permanente en la pantalla de algunos canales de TV; planificamos nuestras actividades de fin de semana en función del pronostico del tiempo; calificamos al día de “lindo” o “feo” según el clima, lo cual termina condicionando buena parte de nuestras actitudes frente a los eventos cotidianos.

Finalmente, hace siglos que intentamos domesticar a la incertidumbre propia de la existencia en el mundo para expresarla en rangos de probabilidad, y al fracaso de ese esquema lo llamamos “crisis”. ¿Será la crisis del mundo o de nuestra particular manera de habitarlo?

¿Serán acaso fenómenos como “El Niño” y sus consecuencias indicadores del límite de la vigencia de nuestra concepción meteorológica del clima, y ya no de un modelo teórico de interpretación; así como se registran rupturas en tantos campos del conocimiento?

Que haya llovido luego de la ceremonia caiapó no es precisamente lo relevante del caso. A lo sumo es “llamativo o pintoresco” desde nuestra perspectiva científico-técnica del mundo.

La pregunta inquietante que esta situación nos plantea debe hacerse en aquellos puntos donde ya nos olvidamos de preguntar y justamente allí donde parece innecesario.

Entonces lo terrible ya no será que nos hayamos equivocado o que nos hayan mentido. Sino que finalmente nos demos cuenta que siempre hemos vivido en la verdad.

Entonces: ¿Será la verdad un modo más de la ironía?

REFERENCIAS:

(1) “Ayer los brujos de la tribu caiapó pidieron a sus dioses que lloviera. Habían sido llevados el lunes por el gobierno brasileño al estado de Roraima, en el Amazonas, amenazado desde hace dos meses por el mayor incendio forestal de la historia...

(...)

“Unas horas después de su ceremonia secreta comenzó a llover intensamente, tras siete meses de sequía. Los meteorólogos habían pronosticado lluvias a partir del 20 de abril.”

(...)

"Sólo necesitamos saber si quieren mucha o poca lluvia", habían dicho los hechiceros Kucrit y Mantii. Después echaron a los fotógrafos y a las cámaras de televisión y comenzaron con sus ritos: ramas de árboles, hojas, hierbas, bastones, cantos secretos a la orilla del río Branco, cerca de Boa Vista, capital del estado de Roraima.

La fe de los brujos era absoluta. Incluso se negaron a llevar a cabo sus rituales en la reserva de los ianomamis, porque temían "quedar aislados cuando comience a llover".

Fragmentos del artículo: “Desastre Ecológico: Comenzó A Atenuarse El Incendio”. Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 01/04/98.

 

     
 
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